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Por Jacob Morales · 9 min de lectura

Ayudar a los demás: por qué también te ayuda a ti

Ayudar a los demás es poner algo tuyo, tiempo, atención, dinero o fuerza, al servicio de lo que otra persona necesita. Se suele explicar por lo que recibe quien es ayudado. Esta página también mira el otro lado: lo que le pasa a quien ayuda, que la ciencia lleva décadas midiendo y que casi nadie cuenta.

Por qué ayudar a los demás

Ayudar a los demás importa por dos razones que van juntas: le cambia algo a quien recibe y le cambia algo a quien da. La primera es obvia. Una mano a tiempo puede sacar a alguien de un apuro, de una soledad o de una mala racha.

La segunda se nota menos. Quien ayuda suele terminar el día un poco más contento, se siente más conectado con los demás y, a lo largo de los años, tiende a tener mejor salud. No es la razón para ayudar, pero sí una parte de lo que pasa cuando lo haces.

Piensa en la última vez que ayudaste a alguien a mudarse, le explicaste algo a un compañero o acompañaste a un amigo a una cita difícil. Probablemente estabas cansado. Y probablemente te fuiste con algo que no tenías al llegar.

Ayudar al prójimo: de dónde viene la idea

Ayudar al prójimo es una de las ideas morales más antiguas, y está en el centro de varias tradiciones. “Prójimo” significa el que está próximo, el que tienes cerca. En la Biblia, el mandato aparece en el Levítico: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18). Fíjate en el final. La medida del amor al otro es el amor a uno mismo: la frase no pide que te olvides de ti.

El buen samaritano

La parábola del buen samaritano, en el Evangelio de Lucas, responde a la pregunta “¿quién es mi prójimo?”. Un hombre queda herido al costado del camino. Pasan un sacerdote y un levita, gente respetada, y siguen de largo. Se detiene un samaritano, alguien de un pueblo despreciado, que lo cura y lo lleva a un lugar seguro. El prójimo, dice la historia, es el que se acerca.

En 1973, dos psicólogos de Princeton, John Darley y Daniel Batson, pusieron a prueba la parábola. Pidieron a estudiantes de un seminario que fueran a otro edificio a dar una charla, a algunos justamente sobre el buen samaritano. En el camino, se cruzaban con un hombre tirado en el suelo que tosía y se quejaba.

Lo que más influyó en si se detenían fue la prisa. De los que no tenían apuro, ayudó el 63 %. De los que iban con un poco de retraso, el 45 %. De los que iban muy tarde, solo el 10 %. Preparar una charla sobre el buen samaritano no cambió casi nada. La lección es incómoda: muchas veces lo que falta para ayudar es tiempo para notar al otro, más que bondad. → Conducta prosocial: por qué ayudamos y por qué a veces no

Lo que le pasa a quien ayuda

A quien ayuda le pasan cosas medibles: se siente mejor, se siente menos solo y, con los años, tiende a tener mejor salud. Esta es la parte que menos se cuenta, y la que más dice sobre por qué la ayuda importa también para ti.

En personas mayores, hacer voluntariado se asocia con menor riesgo de morir en los años siguientes. Un metaanálisis de 2013 encontró una reducción del 24 % en ese riesgo después de tener en cuenta la salud, el dinero y otros factores (Okun, Yeung y Brown). Son estudios de observación, que muestran una asociación, no una causa. Pero el patrón se repite.

También en el corto plazo. Gastar dinero en otros deja más contento que gastarlo en uno mismo, y dar apoyo a otros se asocia con más salud que recibirlo. Esos estudios están contados con detalle en otra página. → Generosidad

Y lo que pasa en el cerebro cuando ayudas, la sensación que algunos llaman “el subidón del que ayuda”, tiene su propia explicación. → Hormona de la felicidad: cuál es y la forma de activarla que casi nadie usa

Hay algo más difícil de medir. Ayudar te saca por un rato de tus propias preocupaciones. Mientras estás pendiente de lo que necesita otro, tus problemas pesan menos. Por eso ayudar alivia la soledad y da sentido. → El sentido de la vida: qué es y por qué pasa por otros

Cómo ayudar a los demás

Para ayudar a los demás de verdad, suele servir más preguntar y escuchar que suponer lo que el otro necesita. Estas son algunas formas de hacerlo bien:

Si te preguntas cómo puedo ayudar a los demás sin saber por dónde empezar, empieza por alguien cercano: un vecino mayor, un compañero que pasa un mal momento, un familiar con quien hace tiempo no hablas.

Servir a los demás

Servir a los demás es convertir la ayuda en una forma de vivir, más que en un gesto aislado. Hay oficios hechos de eso, como la enfermería, la docencia o el trabajo social, y hay personas que lo hacen fuera de su trabajo: el que organiza al barrio, la que cuida a los niños de otros, el que siempre está cuando alguien se muda.

Lo que cambia cuando ayudar se vuelve habitual es que deja de ser un esfuerzo y se vuelve parte de quién eres. En los experimentos sobre actos de bondad, quienes los repiten tienden a sentirse mejor, y eso hace más fácil volver a hacerlos. → Bondad: qué es y qué pasa en ti cuando eres bondadoso

Ayudar sin perderte

Ayudar a los demás te hace bien hasta un punto: cuando das tanto que te descuidas, deja de llenar y empieza a vaciar. Es lo que les pasa a muchas personas que cuidan a un familiar enfermo durante años, o a quienes no saben decir que no.

Ayudar bien incluye cuidarte. El mandato antiguo ya lo decía: amar al prójimo como a ti mismo. Si das para que te quieran, o porque no sabes poner un límite, la ayuda se vuelve una carga. → Altruista: qué es y cómo es una persona altruista

Y ayudar sin esperar nada a cambio quiere decir que no necesitas recibir para ayudar, aunque igual recibas. → Dar y recibir

Frases de ayudar a los demás

Estas son algunas frases de ayudar a los demás con su fuente.

“La pregunta más persistente y urgente de la vida es: ¿qué estás haciendo por los demás?” Martin Luther King Jr., La fuerza de amar (1963)

Viene de su sermón “Las tres dimensiones de una vida completa”.

“En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mateo 25:40 (Reina-Valera 1960)

En el pasaje, lo que se le hace al que tiene hambre, al forastero o al enfermo se cuenta como hecho a Dios mismo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué es importante ayudar a los demás?

Ayudar a los demás es importante porque nadie se basta solo, y porque la ayuda crea los vínculos que sostienen a una comunidad. Además, a quien ayuda le hace bien: tiende a sentirse más contento, menos solo y, con los años, a tener mejor salud.

¿Ayudar a los demás te hace feliz?

Sí, ayudar a los demás suele aumentar la felicidad de quien ayuda, aunque el efecto es modesto. Los experimentos con actos de bondad encuentran un efecto pequeño a mediano sobre el bienestar, y los estudios con dinero muestran que gastarlo en otros deja más contento que gastarlo en uno mismo.

¿Cómo ayudar a los necesitados?

Para ayudar a los necesitados, lo más útil es empezar cerca y preguntar qué hace falta. Puedes donar tiempo en un comedor, un albergue o una asociación de tu zona, donar dinero a organizaciones que rinden cuentas, o ayudar directamente a alguien que conoces. Lo que más sirve suele ser la ayuda constante.


Hoy, en algún momento, alguien cerca de ti va a necesitar algo pequeño. Quizás la ayuda más difícil sea la primera: ir un poco más despacio para notarlo.


Jacob Morales estudió por qué elegimos lo que nos daña sabiendo lo que cuesta. En el camino encontró que dar es una de las pocas cosas que llenan sin pedir más. → Sobre mí

Fuentes