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Por Jacob Morales · 11 min de lectura

El sentido de la vida: qué es y por qué pasa por otros

El sentido de la vida es la razón o el conjunto de razones que hacen que vivir valga la pena para ti. Es lo que te hace levantarte cuando las cosas van mal, lo que te da una dirección cuando no sabes qué hacer. La pregunta es tan vieja como la filosofía, y cada época la respondió a su manera. Esta página recoge las respuestas más influyentes, lo que ha medido la ciencia y una idea que aparece en casi todas: el sentido que más resiste es el que pasa por otros.

Qué es el sentido de la vida

El sentido de la vida es la sensación de que tu existencia tiene un propósito, una coherencia y un valor. Los psicólogos que lo estudian suelen dividirlo en tres partes: entender tu vida (que tenga coherencia), tener una dirección (metas que te importan) y sentir que tu vida importa (que deja algo).

Ese concepto del sentido de la vida es más amplio que tener un plan. Puedes tener metas claras y sentir que nada de lo que haces importa. Y puedes no tener ningún plan y sentir que tu vida tiene un peso, porque alguien depende de ti o porque lo que haces le llega a otros.

La definición también tiene una trampa: no hay una respuesta que valga para todos. El sentido de la vida es personal, aunque, como se verá, casi nunca es solo tuyo.

¿Cuál es el sentido de la vida?

No hay una respuesta única al sentido de la vida, y las más influyentes no coinciden. Estas son algunas de las que más peso han tenido.

Aristóteles: vivir bien

Para Aristóteles, el fin de la vida humana es la eudaimonía, que suele traducirse como felicidad o vida plena. Para él era una forma de vivir más que un estado de ánimo: desarrollar lo mejor de ti, actuar con virtud y hacerlo en comunidad. En la Ética a Nicómaco insiste en que nadie vive bien solo.

Las religiones: un sentido dado

Las grandes religiones responden que el sentido de la vida viene de fuera: de Dios, del orden del mundo o del camino hacia la liberación. Lo que cambia es el contenido. Casi todas incluyen el amor al prójimo o la compasión como parte central de ese sentido.

Camus: un sentido que hay que crear

Para Albert Camus, el mundo no trae un sentido escrito, y el ser humano lo busca igual. A ese choque lo llamó “el absurdo”. Su respuesta fue sorprendente: en El mito de Sísifo (1942) imaginó al hombre condenado a empujar una piedra para siempre, y concluyó que hay que imaginarlo feliz. El sentido, para Camus, se construye en la forma de vivir, aunque nadie lo garantice.

La ciencia: algo que se mide

La psicología no responde cuál es el sentido de la vida, pero sí mide quién siente que su vida lo tiene. Y encuentra que importa. En un estudio que siguió a más de 6,000 adultos estadounidenses durante 14 años, quienes decían tener un propósito en la vida tenían menos riesgo de morir en ese periodo, en todas las edades (Hill y Turiano, 2014). Es una asociación, no una prueba de que el propósito alargue la vida, pero se sostuvo al tener en cuenta otros factores.

El sentido de la vida según Viktor Frankl

Viktor Frankl sostuvo que el sentido de la vida se descubre en el mundo, y que se puede encontrar incluso en las peores condiciones. Era un psiquiatra vienés que sobrevivió a los campos de concentración nazis, y en 1946 escribió el libro que lo hizo famoso, publicado en español como El hombre en busca de sentido.

Frankl vio que en los campos resistían mejor quienes tenían algo o alguien por quien seguir: un hijo que los esperaba, una obra por terminar, una persona amada a la que volver a ver. De esa observación nació la logoterapia, una forma de psicoterapia centrada en el sentido.

Para Frankl, el sentido se encuentra por tres caminos:

Frankl insistía en que el sufrimiento no es necesario para encontrar sentido. Lo que dijo es que, cuando no se puede evitar, todavía se puede elegir cómo enfrentarlo.

Sentido y felicidad no son lo mismo

Tener una vida con sentido y tener una vida feliz se parecen, pero no son lo mismo, y dar es una de las cosas que más los separa. En 2013, Roy Baumeister y su equipo preguntaron a casi 400 adultos estadounidenses por su felicidad, por el sentido de su vida y por lo que hacían cada día.

Las dos cosas iban muy juntas, pero había diferencias. La felicidad se relacionaba con tener lo que necesitas y sentirte bien en el presente. El sentido se relacionaba con pensar en el pasado y el futuro, con los vínculos y con dar. Las personas que se describían como más dadoras decían tener vidas con más sentido, aunque no necesariamente más felices. Las que se describían como más tomadoras decían ser algo más felices, y sentir menos sentido.

Los propios autores llamaron a sus resultados “tentativos”: es un estudio de encuesta, que no muestra causas. Aun así, apunta a algo que muchos reconocen por experiencia: cuidar a un hijo enfermo o a un padre mayor no siempre hace feliz, y suele ser de lo que más sentido da.

Por qué un sentido construido solo para ti se desarma

Un sentido que solo te tiene a ti como centro es frágil, porque lo puedes desarmar tú mismo. Si la razón de tu vida es tu éxito, un fracaso la tumba. Si es tu placer, un mal día la vacía. Si es tu imagen, basta con que nadie mire. Las razones que construyes para ti son tan firmes como tu ánimo de hoy.

Las razones que pasan por otros resisten más. Un padre que no tiene ganas de levantarse se levanta igual porque sus hijos lo esperan. Una enfermera que duda de todo sigue yendo porque sus pacientes la necesitan. El sentido, en esos casos, no depende de cómo te sientas, porque está anclado en alguien más.

Frankl lo llamó la autotrascendencia: ser humano consiste en apuntar a algo o a alguien distinto de uno mismo. Para él, cuanto más se olvida una persona de sí misma, entregándose a una causa o a otra persona, más plenamente humana se vuelve.

Esta es la idea que recorre todo este sitio. Cuando das, algo llega a ti en ese mismo momento, y lo que llega no depende de tu ánimo. → Dar y recibir

Por eso la falta de sentido y la soledad suelen ir juntas: las dos aparecen cuando la vida se cierra sobre uno mismo. → La soledad: qué es y por qué dar la alivia

Cómo encontrar el sentido de la vida

Para encontrar el sentido de la vida suele servir menos preguntártelo en abstracto que mirar a quién le importa lo que haces. Frankl proponía darle la vuelta a la pregunta: es la vida la que te pregunta a ti, y respondes con lo que haces.

Algunas preguntas ayudan más que “¿cuál es el sentido de mi vida?”:

Las respuestas no suelen ser grandes. Suelen ser una persona, un oficio, una causa pequeña. El sentido se parece más a un hilo que se va tejiendo que a una revelación.

Si la pregunta que te ronda es más concreta, qué hacer con tu vida o cuál es tu propósito, la escribí desde otro ángulo en El FIN de la procrastinación.

Cuando la vida parece no tener sentido

Sentir que la vida no tiene sentido es una experiencia común, y casi todo el mundo pasa por ella alguna vez. Puede aparecer tras una pérdida, un cambio grande, un fracaso o, a veces, sin razón clara. Frankl lo llamó el vacío existencial: una sensación de que nada importa, que muchas veces se tapa con ruido, consumo o distracción. → Crisis existencial y vacío existencial

Ese vacío puede ser una etapa que te obliga a replantearte cosas. Pero si se vuelve constante, viene con tristeza profunda o te pesa en el día a día, vale la pena hablarlo con un profesional de la salud mental. Si en algún momento sientes que no puedes más, busca ayuda de inmediato en los servicios de emergencia de tu país.

Frases sobre el sentido de la vida

Estas son algunas frases sobre el sentido de la vida con su fuente.

“Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.” Friedrich Nietzsche, Crepúsculo de los ídolos (1889)

Es la frase que Frankl citaba para explicar por qué algunos prisioneros resistían.

“Hay que imaginarse a Sísifo feliz.” Albert Camus, El mito de Sísifo (1942)

Es la última línea del ensayo. Para Camus, el sentido está en la forma de llevar la piedra, aunque el castigo siga siendo un castigo.

Preguntas frecuentes

¿El sentido de la vida es el mismo para todos?

No, el sentido de la vida es distinto para cada persona, y puede cambiar a lo largo de los años. Lo que sí se repite en la investigación y en la filosofía es que el sentido suele pasar por los vínculos, por lo que haces por otros y por algo más grande que tú.

¿Qué dice la ciencia sobre el sentido de la vida?

La ciencia no dice cuál es el sentido de la vida, pero mide sus efectos. Las personas que sienten que su vida tiene propósito tienden a vivir más y a tener mejor salud, según estudios de seguimiento como el de Hill y Turiano (2014). Y el sentido se relaciona más con dar que con recibir (Baumeister y colegas, 2013).

¿Por qué se dice que el sentido de la vida es 42?

Es una broma de Guía del viajero intergaláctico (1979), la novela de Douglas Adams. Una supercomputadora pasa siete millones y medio de años calculando la respuesta “a la vida, el universo y todo lo demás”, y responde 42. El chiste es que nadie sabía bien cuál era la pregunta.


Quizás el sentido de tu vida está más en alguien que en una respuesta. Si hoy piensas en quién te necesita, o a quién le cambia algo lo que haces, puede que estés más cerca de la respuesta que si te lo preguntas en abstracto.


Jacob Morales estudió por qué elegimos lo que nos daña sabiendo lo que cuesta. En el camino encontró que dar es una de las pocas cosas que llenan sin pedir más. → Sobre mí

Fuentes