Conducta prosocial: por qué ayudamos y por qué a veces no
La conducta prosocial es cualquier acción voluntaria que busca beneficiar a otra persona o a un grupo: ayudar, compartir, consolar, cooperar, donar. Es el término que usa la psicología para estudiar lo que en la vida diaria llamamos ayudar. Esta página explica qué es, cómo se diferencia del altruismo, qué es el efecto espectador y qué muestran los estudios más recientes, que cuentan una historia más esperanzadora que la de los libros de texto.
Qué es la conducta prosocial
La conducta prosocial es todo comportamiento que tiene como fin beneficiar a otros. La palabra viene de pro, “a favor de”, y social: actuar a favor de los demás. Incluye gestos pequeños, como sostener una puerta, y actos grandes, como donar un riñón.
Lo que la define es la intención de ayudar, más que el motivo. Puedes ayudar por compasión, por sentido del deber, por quedar bien o porque esperas que te devuelvan el favor. En todos esos casos la conducta es prosocial. Por eso la psicología la usa como categoría amplia: permite estudiar la ayuda sin resolver primero la pregunta de por qué la gente ayuda.
Conducta prosocial y conducta altruista
La conducta altruista es un tipo de conducta prosocial: la que busca el bien del otro como fin, sin esperar nada a cambio. Toda conducta altruista es prosocial, pero no toda conducta prosocial es altruista.
Si ayudas a un compañero porque te pagan horas extra, tu conducta es prosocial. Si lo ayudas sin que nadie te lo pida y sin esperar nada, se acerca al altruismo. El debate sobre si existe un altruismo puro, sin ningún beneficio para quien ayuda, lleva décadas abierto en la psicología. → Altruismo: qué es y por qué dar te hace más feliz que recibir
Ejemplos de conducta prosocial
Estos son ejemplos de conducta prosocial de la vida diaria:
- Ayudar: cargar las bolsas de un vecino, explicarle la tarea a un compañero.
- Compartir: dividir tu comida, prestar tus cosas, ceder tu lugar.
- Consolar: acompañar a alguien que llora, escuchar a un amigo que pasa un mal momento.
- Cooperar: trabajar en equipo hacia un objetivo común.
- Donar: dinero, sangre, tiempo, ropa.
- Defender: intervenir cuando alguien sufre una injusticia o una burla.
- Ser voluntario: dedicar tiempo de forma regular a una causa.
La conducta prosocial aparece muy temprano. Niños de 18 meses ya ayudan a un adulto que no alcanza algo, sin que nadie se lo pida. → Altruista: qué es y cómo es una persona altruista
Qué es el efecto espectador
El efecto espectador es la tendencia de las personas a ayudar menos en una emergencia cuando hay otros presentes. Cuantos más testigos, menos probable es que cada uno intervenga. También se lo conoce como efecto bystander, de la palabra inglesa para “transeúnte” o “espectador”.
Lo describieron los psicólogos John Darley y Bibb Latané a finales de los años sesenta. En uno de sus experimentos más conocidos, de 1968, estudiantes conversaban por intercomunicador con otros participantes, que en realidad eran grabaciones. De pronto, uno de ellos parecía sufrir un ataque epiléptico. Cuando los participantes creían que eran los únicos que lo escuchaban, el 85 % salió a buscar ayuda. Cuando creían que había otras cuatro personas escuchando, solo el 31 % lo hizo.
Por qué pasa: la difusión de la responsabilidad
El efecto espectador pasa sobre todo por la difusión de la responsabilidad: cuando hay varios testigos, cada uno siente que la obligación de actuar se reparte entre todos, y termina asumiendo que otro lo hará. Darley y Latané propusieron que, para ayudar, una persona tiene que dar cinco pasos: notar lo que pasa, interpretarlo como una emergencia, sentirse responsable, saber qué hacer y decidir hacerlo. La presencia de otros puede frenar cualquiera de ellos.
Influyen otras cosas. Si nadie más reacciona, es fácil pensar que no es tan grave. Y nadie quiere hacer el ridículo interviniendo en algo que resulta no ser una emergencia.
El caso Kitty Genovese
Kitty Genovese fue una joven asesinada en Nueva York en 1964, y su caso se convirtió en el ejemplo más famoso del efecto espectador. Dos semanas después del crimen, The New York Times publicó que 38 vecinos habían visto o escuchado el ataque y ninguno había llamado a la policía. La historia conmovió al país e impulsó las investigaciones de Darley y Latané.
Pero la historia no fue así. En 2007, tres psicólogos revisaron los documentos del caso y concluyeron que no había pruebas de 38 testigos, ni de que vieran el asesinato completo, ni de que ninguno hiciera nada (Manning, Levine y Collins). Muchos solo escucharon gritos y no entendieron lo que pasaba, un vecino le gritó al atacante y al menos uno llamó a la policía. En 2016, el propio Times reconoció que su reportaje había exagerado.
El mito de los 38 testigos indiferentes se repitió durante décadas en libros de psicología. El caso real dice algo distinto: que en una situación confusa, de noche, mucha gente no entiende lo que está viendo.
Lo que muestran los estudios más recientes
Los estudios más recientes matizan el efecto espectador, y la imagen que dejan es más esperanzadora. Un metaanálisis de 2011, con más de 7,700 participantes, confirmó que el efecto existe, pero encontró que se debilita cuando la emergencia es claramente peligrosa, cuando hay un agresor presente o cuando ayudar requiere esfuerzo físico (Fischer y colegas). Justo cuando más importa, la gente tiende a ayudar más.
En 2020, un equipo internacional analizó grabaciones de cámaras de seguridad de 219 peleas y conflictos reales en el Reino Unido, Países Bajos y Sudáfrica. En 9 de cada 10 casos, al menos una persona intervino, y casi siempre varias (Philpot y colegas). Y en contra de lo que predice el efecto espectador, cuantos más testigos había, más probable era que alguien ayudara.
La conclusión de esos investigadores es que, en la vida real, intervenir es lo normal. El efecto espectador describe bien lo que pasa con cada persona: cada uno, por separado, es menos probable que actúe si hay más gente. Pero cuando hay muchos, basta con que uno lo haga.
Por qué a veces no ayudamos
A veces no ayudamos por razones que tienen poco que ver con la bondad: la prisa, la confusión, la sensación de que otro lo hará. El experimento del buen samaritano lo mostró en 1973: estudiantes de un seminario que iban con prisa pasaban de largo frente a un hombre tirado en el suelo, aunque iban a dar una charla sobre ayudar al prójimo. → Ayudar a los demás: por qué también te ayuda a ti
Otras razones frecuentes: no saber qué hacer, miedo a equivocarse o a salir lastimado, y no sentir que la situación es asunto tuyo. Casi todas tienen que ver con que ayudar requiere notar, entender y sentirse responsable, y eso a veces falla, más que con que la gente sea mala.
Cómo romper el efecto espectador
Para romper el efecto espectador, lo que más funciona es asumir que nadie más va a actuar y hacerlo tú. Algunas formas concretas:
- Si eres testigo, decide que te toca. La difusión de la responsabilidad se rompe cuando una persona la toma.
- Señala a alguien. Si necesitas ayuda o ves a alguien que la necesita, dirígete a una persona concreta: “Tú, la de la chaqueta roja, llama a emergencias”. Así ya no se reparte la responsabilidad.
- Actúa primero en pequeño. Preguntar “¿estás bien?” ya rompe la inercia, y suele animar a otros a acercarse.
- Aprende qué hacer. Saber primeros auxilios o a quién llamar quita una de las razones más comunes para no intervenir.
Lo que la conducta prosocial le da a quien la practica
La conducta prosocial también beneficia a quien la practica. Las personas que ayudan, donan o hacen voluntariado tienden a estar más satisfechas con su vida, y ese patrón aparece en países ricos y pobres. → Generosidad
Visto así, la pregunta de si ayudas por el otro o por ti pierde fuerza. Cuando ayudas, algo llega a ti en ese mismo momento, y eso no le quita valor a lo que haces por el otro. → Dar y recibir
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre conducta prosocial y altruismo?
La conducta prosocial es cualquier acción que busca beneficiar a otros, sin importar el motivo. El altruismo es un tipo de conducta prosocial: la que busca el bien del otro sin esperar nada a cambio. Toda conducta altruista es prosocial, pero no al revés.
¿Qué es la difusión de la responsabilidad?
La difusión de la responsabilidad es la sensación de que la obligación de actuar se reparte entre todos los presentes, de modo que cada uno siente menos responsabilidad personal. Es la explicación principal del efecto espectador.
¿El efecto espectador es real?
Sí, el efecto espectador es real, pero más débil de lo que se creía. Cada persona, por separado, tiende a actuar menos cuando hay otros. Pero en emergencias claras y peligrosas el efecto se reduce, y en conflictos reales grabados por cámaras alguien interviene en 9 de cada 10 casos.
La próxima vez que veas a alguien en problemas y a otros mirando, quizás todos estén esperando lo mismo: que alguien dé el primer paso. Puede ser el tuyo.
Jacob Morales estudió por qué elegimos lo que nos daña sabiendo lo que cuesta. En el camino encontró que dar es una de las pocas cosas que llenan sin pedir más. → Sobre mí
Fuentes
- Darley, J. M., y Latané, B. (1968). Bystander intervention in emergencies: Diffusion of responsibility. Journal of Personality and Social Psychology, 8(4), 377–383.
- Darley, J. M., y Batson, C. D. (1973). “From Jerusalem to Jericho”: A study of situational and dispositional variables in helping behavior. Journal of Personality and Social Psychology, 27(1), 100–108.
- Fischer, P., Krueger, J. I., Greitemeyer, T., et al. (2011). The bystander-effect: A meta-analytic review on bystander intervention in dangerous and non-dangerous emergencies. Psychological Bulletin, 137(4), 517–537.
- Latané, B., y Darley, J. M. (1970). The Unresponsive Bystander: Why Doesn’t He Help? Appleton-Century-Crofts.
- Manning, R., Levine, M., y Collins, A. (2007). The Kitty Genovese murder and the social psychology of helping: The parable of the 38 witnesses. American Psychologist, 62(6), 555–562.
- Philpot, R., Liebst, L. S., Levine, M., Bernasco, W., y Lindegaard, M. R. (2020). Would I be helped? Cross-national CCTV footage shows that intervention is the norm in public conflicts. American Psychologist, 75(1), 66–75.